La cobaya humana
Esta vez me he lucido. Mi nueva incursión en la cutreculture ha tenido como protagonista la autoayuda. Un libro de autoayuda siempre encierra peligro, no sólo porque te transforma en una criatura socialmente inadaptada, sino porque afecta a terceras personas inocentes. Por ejemplo, los que te ayudan a cazar a un hombre buen partido para casarlo contigo y tener muchos hijitos. En el supuesto que lo consigas, queda feo, que quieres que te diga, se trata de una intromisión en el proyecto de vida de una persona que hasta entonces decidía libremente su futuro, que seguramente consistía en comprarse un audiA3, y consumir alcohol y fines de semana con mujeres distintas que no tienen libros de autoayuda. Feo, feo.
El que ha caído en mis manos es tal vez mucho más peligroso, del estilo de los que van de cómo dejar de fumar, esos que te convencen de lo pringaos que son los fumadores, los pobres, hasta que no puedes evitar pasar al lado oscuro. No siempre es fácil convencer a alguien para que abandone sus placeres, más si se trata de que abandone uno de los más inconfesables: la comida.
La cura de savia y zumo de limón. , de K. A. Beyer, te propone nada más y nada menos que dejar de comer. Se ve que el ayuno es positivísimo para la salud y además, aunque sea increíble, adelgaza. A ver, una cosa es comentar un libro lo suficiente friki para estar en esta sección y que, además, igual te proporciona alguna visita de navegantes desesperados en esta época del año; y otra, dejar de comer sólo por explicarlo. Por desgracia la autoayuda funciona con personas como yo –sí, lo siento pero yo también acabo de descubrirlo- y no tengo más remedio que embarcarme en esta dieta loca, más si tenemos en cuenta que hoy empiezan las rebajas.
Mi diario de la dieta de la savia y el zumo de limón
Día 1.
Sábado, el día de la decisión. Pruebo el brebaje y no está mal, por suerte. La latita de sirope de savia cuesta 40 euros y tengo la nevera llena de limones. Cocino para la familia pasta rellena al pesto, ensalada de tomates con mozzarela y hamburguesas de tofu a la plancha (sí, he aprovechado la visita al Véritas para comprar cosas macrobióticas supersanas). Sin tentaciones. Duermo una siesta de 2 horas y, por la noche, me duermo a las 11h mirando una peli de Wong Kar Wai, que en mi estado normal-no-equilibrado me entusiasma. Si se puede considerar que en pocas horas, y gracias a el ayuno, he alcanzado un estado de equilibrio mental totalmente desconocido por mi, puedo concluir que mejor que nos olvidemos de Wong Kar Wai y busquemos alternativas a los directores alternativos.
Día 2.
Domingo. He cocinado para la familia gazpacho, arroz con atún, salmón a la plancha y croquetas, sin contar los desayunos y meriendas. El arroz ha representado la mayor tentación, pero ni lo he probado. Me ha ayudado leer los testimonios personales del libro; estoy totalmente alienada. No he tenido ningún síntoma físico a comentar aunque sí momentos de euforia controlada. Muy, muy alienada. Además, me he dormido con Silenci y no he podido ver Nip/Tuck. No sé, tal vez habrá que buscar también alternativas a programas alternativos como Silenci…
Día 3.
Lunes. He decidido ocultar a mis compañeros de trabajo que ayuno, digamos que, por motivos que no me explico, conservo cierta credibilidad en ese entorno. Finalmente decido confesarlo a tres personas. Inicio la confesión con un “no se lo digas a nadie”: un 33,3% de ellos comenta “creía que me ibas a decir que estabas embarazada” y un 66,6% me miran con cara de “¡dios mío, está embarazada!”. No cabe decir que eso me ayuda a seguir adelante.
No tengo ningún síntoma físico ni mental relevante. Esta tarde me pesaré por primera vez, en una farmacia, aunque no sé que datos empíricos me puede aportar, ya que no sé de qué peso partía, pero bueno, lo haré igualmente.
Día 4
Martes. Me he pesado. Según mi peso ideal estoy un kilo más delgada de lo que me corresponde. Aún así, en muchas tiendas apenas encontraré mi talla. Me estoy poniendo demasiado reivindicativa, no me reconozco!. En realidad, el dato objetivo es que me he adelgazado aproximadamente 2 kg. Me han plantado una bandeja de pastas y una caja de bombones ante mi mesa de trabajo -la vida tiene eso, que a vece es como en los anuncios de fontvella- y no he tocado nada. Hace ya casi cuatro días que no como y no he muerto, por eso me entra un poco rollo “¡soy el rey del mundooooo!” y me parece oír la canción de Titanic, pero no son paranoias sinó mi vecino pianista, que se ha especializado en el tema. Por suerte no le da por cantar a lo Celine Dion. Si fuera así y me gustara, dejaba la dieta.
Día 5/Día 6/Día 7
Miércoles, jueves y viernes. Abreviando, sigo igual, bueno, he perdido 1,300 kg más. No tiene más intríngulis la cosa, no comes, bebes el bebedizo y te adelgazas. La cosa es saber si realmente todas mis células se están renovando íntegramente. Como no cuento con instrumentos fiables para comprobarlo de forma científica, me releo el libro -que no sé si lo he dicho, lo venden en tiendas de esoterismo- y me convenzo de que sí. Duermo tanto que sospecho que lo más próximo al equiliblio mental que me puede aportar el brebaje sea tenerme inconsciente la mayor parte del día.
Día 8/9 y 10
Sábado, domingo y lunes. Aún no han llegado, pero sé si podré acabar este escrito, seguiré sin comer y menguando camino a la nada, como el pobre Scott Carey. Que fuerte!

A Scott se le fue la mano con el régimen…
